No se limite en el género, ame.

Crónicas de una Inquilina

De qué ratos  he querido escribir este artículo, por fin lo hago. Hace varios años que vengo recibiendo correos electrónicos de lectoras casadas, solteras, divorciadas que me dicen: es que si fueras hombre te diría que estoy enamorada de ti.

Y yo les digo: ¿cuál es la diferencia? Es que eres mujer y no es correcto, no es permitido, es pecado.

Yo al contrario lo veo como limitación porque así nos han educado, que mujer con hombre y hombre con mujer, que no se puede de otra forma porque sería una aberración, algo asqueroso, una blasfemia.

Un día conversando con varias conocidas psicólogas, de temas varios salió a relucir la homosexualidad de los hombres específicamente, ellas dijeron al unísono: ¡Qué asco hombre con hombre! Yo me las imaginé atendiendo a un paciente que les llegara con el tema de que es homosexual y necesita terapia, (porque los hay, hay quienes…

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El “recuerdo peligroso” de Jesús: J.M. Castillo

Evangelizadoras de los apóstoles

10.11.14 | 08:08. Archivado en Iglesia católica, UCA

El asesinato de cinco jesuitas y dos empleadas de la UCA (Universidad Centroamericana, de San Salvador), el 16 de Noviembre de 1989, coincidió, en aquel mismo año y en aquel mismo mes, con la caída del muro de Berlín. Se ha dicho que los acontecimientos de aquel momento histórico, no sólo en Europa sino también en Centroamérica, fueron “la metáfora suprema del triunfo de la libertad”. Y es que, como ha escrito Bertrand de la Grange, corresponsal de Le Monde en la Centroamérrica de aquellos días, el mundo asistió en aquel Noviembre del 89, al “derrumbe del bloque soviético (que) sentenció la lucha armada y aceleró los procesos de paz en Centroamérica”.

La coincidencia (con la pequeña distancia de pocos días) entre los asesinatos de la UCA, en El Salvador, y la caída del Muro, en Berlín, representa las dos caras…

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Remedios.

Crónicas de una Inquilina

Me agarró del pelo y me tiró sobre las vías del tren, me dijo que si no colaboraba me iba a ir peor. Yo llevaba a mi niña de tres años porque en California nos esperaba su papá, mi esposo. Ya había enviado a mis dos niños grandes de 10 y 12 años. Se los llevó un coyote del pueblo y los pasó por el lado de Tijuana. Solo quedábamos mi niña y yo, esperamos un año para ahorrar y ajustar para pagar lo del coyote y el traslado.

Pues uno vive en la miseria y buscando sustento y mejor vida para nuestros hijos fue que decidimos emigrar. Él trabajaba de ordeñador en una finca pero apenas alcanzaba lo que le pagaban, yo lavaba ropa ajena. Primero se fue mi esposo y a los dos años mandó por mis hijos y un año después por nosotras.

El coyote que contratamos…

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