Una cuestión de Honor

¿Eran otros tiempos, o será que nunca fue?
En lo más recóndito de mi memoria, existe un concepto de Honor, fraguado, no sé como ni cuando, en el origen del Caballero, no en aquel galán de los 50, ni en el seductor maduro de estos años. Más bien en aquel, cuya convicción ética estaba sustentada en el HONOR.

Honor, que fue el lema de quienes luchaban por ideales tácitamente regulados por un estándar que, cuya base era el respeto al contrincante y el asumir la responsabilidad por las faltas que violaban aquella norma.

Se supone que, en sus orígenes, las organizaciones encargadas de la defensa y de mantener el orden normadas por las sociedades respectivas, tenían en su génesis, valores intrínsecamente éticos de caballerosidad. Donde, el respeto era sustancial al triunfo y la derrota; y, se plasmaba en la responsabilidad que cargaba sobre sus hombres quienes lideraban los cuerpos destinados para tal efecto. El líder era responsable de los actos y efectos de sus subalternos. De la vida de los mismos , como del respeto hacia la vida de quienes protegían o enfrentaban. Ante una falta, violación, o acto que denigraba al contrincante, o, produjera un daño a inocentes, el líder asumía la responsabilidad y renunciaba a su estado. Colocándose a disposición de la Autoridad competente, y dispuesto a asumir el costo correspondiente a la afrenta suscitada. HONOR.

En estos días, el sistema “Dominante” ha trastocado este valor, al punto de hacerlo parecer un romanticismo retrógrado e innecesario. Prima más el valor de conseguir el objetivo encomendado, sin cuestionarlo, aun cuando fuese (si es que existe en estos entes) contra la conciencia individual.
Esto ha impregnado a toda la clase dominante del estado, donde , cuales serviles autómatas, arrimados al poder de turno, no escatiman en dejarse apabullar por la corrupción y la ceguera, para sentirse iguales a quienes, desde la sombra del poder, dictan las normas que, deben someter a toda la población.
Ejemplos de sobra, Conservadores y Progresistas, Cuales Judas, (con el respeto que me merece este apóstol estigmatizado también por el poder), venden sus vidas,y  discursos al postor que, sin escrúpulos se ha hecho dueño de este País.

Tal vez, el ejemplo más claro de falta de honor, es lo acontecido con quienes gobiernan el hoy, sustentados en una ilegitimidad drástica al ser elegidos por un porcentaje ínfimo de la ciudadanía. y cuyos efectos se grafícan en la más absoluta indolencia de quienes dirigen la Policía, al NO asumir la responsabilidad ante el ataque a Rodrigo Avilés. Responsabilidad de la que no escapa el Ministro Político, bajo cuyo dominio está la Policía.
En Chile ya hay demasiados Rodrigo Avilés, Matías Catrileo, Manuel Gutierrez, Alex Lemún, José Huenante. Rafael y Eduardo Vergara, que han sido víctimas de la represión a las organizaciones sociales, cuyas demandas, a través de la historia, han permitido que haya derechos en el trabajo, en la educación, en la salud.

Sin mencionar la falta de respeto deshonrosa hacia la Mujer, quien ha sido víctima legendaria de esta falta de valor conveniente al Poder.

En cada homicidio, violación, tortura, golpe, recibido, no sólo está la mano que empuña el arma, está además la de quien ordena directa e indirectamente; NO es aceptable que el hilo se corte por lo más delgado, NO!!, Sabemos quienes están detrás. y por HONOR, no olvidamos, ni la coima, ni la bala asesina.

¿Eran otros tiempos. o será que nunca fue?
Está en mí, en usted, en nosotrxs, responder esta pregunta… por honor.

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