Cuando el Trabajo es violentar.

¿Qué silencio es culpable de la muerte de un hombre?
¿Qué silencio en nosotros ha colgado inocentes?

¿Qué silencio maldito ha cegado algún nombre?

¿Cuántas veces al día merecemos la muerte?

(Silvio Rodríguez)

“Alrededor de la mesa, cada cual busca la mejor postura para el merecido descanso; restos de comida, vasos a medio llenar, dan cuenta de una buena merienda; era el intervalo entre los turnos, turnos agotadores, que cada quien cumplía con celoso deber. Unos reían leyendo un periódico, otros compartían fotos de la familia, algún solitario dormitaba, otros se contacta con sus hijos. La imagen irradia la satisfacción de un trabajo donde el descanso es sólo un breve paréntesis para recomenzar el deber, el deber casi patrio, casi de heroísmo, casi.
A la distancia de algunos cuartos, la mujer bañada en sudor, con la garganta seca, con aquel dolor desgarrando sus intimidades, y una resuelta decisión casi mística, se dice, -debo resistir-, mientras su celador activa una vez más la Picana Eléctrica en su vagina y pezones.
Cambio de turno, y los que descansaban suben sus mangas, hay que retornar al trabajo, mientras la mujer del cuarto cercano, no tiene pausa para respirar.”

Tortura20110115

 

¿Desde cuando, torturar, violentar, golpear a otro/otra es un Trabajo? ¿Qué sucede en el interior de una persona que ejerce la violencia cumpliendo órdenes? ¿Existe algún espacio en su mente donde, se permita, cuestionar el trabajo?, o sucede que, ¿el individuo se justifica con la expresión de Eichmann “Yo cumplía ordenes”? ¿Cuál es el límite entre el “orden” y el caos que trae la represión para mantener al mismo?

La responsabilidad ante la sociedad consta en el individuo de dos inseparables deberes, que garantizan, a su vez, sus derechos personales; éstas responsabilidades son la Individual y la colectiva. Pretender justificar la violencia para, mantener el poder, sin éstas actitudes, es el camino que lleva a la desaparición de los estamentos que regulan el bien vivir de una sociedad. Donde, prime el bien común, como desafío a través del cual cada quien tenga garantizados sus derechos en directa proporción a sus deberes.

Chile-represion

En suma, el individuo, aquel último eslabón en la cadena represora, es decir, aquel que tiene en su mano el bastón que golpea en la calle, no está liberado de la responsabilidad colectiva argumentando que “cumple con su deber”, cuando este deber viola los Derechos del otro/otra; y tiene el deber de “pensar” y reflexionar, hasta donde esta liberado de la responsabilidad colectiva, pero no de la individual, cuando son otros, tras él, que se liberan de tal responsabilidad.

Mientras los esfuerzos por victimizar al represor se mantengan, habrá quien aún se detiene a reflexionar, y así, aportar una luz entre tanta oscura pretensión de someter la mente, a través de los Medios afines al poder que corrompe las bases de la sociedad.

Luego:
¿Cuántas veces al día merecemos la muerte?

FR

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