Microcuento.

mewtroEn un vagón extraviado en la rutina de un lunes cualquiera, se escucha aquel diálogo que, sobrepasa las imágenes mediáticas que se tienen de los jóvenes periféricos.

Ella: “Cuanto tiempo sin verte”

Él: “Si, harto tiempo”

Ella: “y justo encontrarnos aquí”

Él : “Las casualidades de la vida”

Ella, “Ya tengo que bajar, pero, pucha,  solo una pregunta,..”

Él: “¿Si?

Ella : ¿Qué crees que fuiste en mi vida?

El aviso por altavoz que anuncia “Próxima Estación Baquedano, lugar de combinación con Línea 1” provoca la pausa justa.

Él: Fui aquel viento que te sacaba del aburrimiento, y que te dejó abrazada a una duda.

La mira de ella se nubla, y él sin tono amargo, termina, justo cuando ella comienza a salir.

“Aprendí bien contigo a conocer a Sabina”

Suena el aviso de cierre, y tal cual un sello finiquitador, el aire queda en suspensión.

Solo un oyente casual, identificó la canción que marcó la respuesta del joven. “A la orilla de la Chimenea”.

LAS TORMENTAS PASAN.

tormentassssLa imagen es dantesca, un vendaval inesperado azotó la casa, vientos de otras direcciones, habitaciones deformadas, restos de muebles, adornos, recuerdos por doquier; el anciano se levanta, tiene heridas, algunas profundas, otras leves, inspira profundo, y se dice: “aún respiro”. Camina por la casa levantando alguna foto ilesa, sale a su jardín, el paisaje ha cambiado, dirige su mirada al camino viejo, ya no está; voltea su cabeza, árboles caídos, flores dispersas, y entre el follaje una nueva senda se le presenta.

Lo encuentro silbando una melodía alguna vez conocida, hoy olvidada; salvando muebles, limpiando, rediseñando su hogar, renaciendo. Me acerco, un abrazo, de aquellos urgentes pero a tiempo; los saludos de siempre, acompañado de las preguntas precisas para saber que está bien; saco la botella de vino, y nos sentamos a conversar, en una charla donde el tiempo no importa.

– Vaya tormenta, ¿no? – exclamo, mirando alrededor. El suspira y dice.
– Si, ésta fue muy poderosa, más, ya pasó – Le miro, y me sonríe, el es conciente de mi admiración; como también, que estoy ahí, para saber de él, y escuchar sus palabras. Bebe todo su vaso de una vez, saborea, y mirando al horizonte, empiezan sus enseñanzas:
– La tormentas son parte de la Vida, desde que nacemos vivimos muchas de ellas; algunas breves, otras duraderas; están aquellas previsibles y las inesperadas; las que provocamos y las que llegan por acciones lejanas; están las que solo nos mojan, y las que cambian todo nuestro paisaje.
Cualesquiera que sean sus características, aparecen para experimentar diversas situaciones, y siempre salir fortalecidos, aunque, las más de las veces, ni cuenta nos damos.
¿Sabías que hay seres que viven tormentas eternas?, esto es porque les hacen creer que sus vidas son así, que es su destino; Cuando aparecen, ellos y ellas se dejan llevar por los vientos, no olvides que las tormentas viajan, es vital saber, si, que si son viajeras, también pasan. La idea, creo, es que cuando se nos vengan encima, hay que afirmarse, aferrarse a la viga central de nuestro habitar, aquella que se sustenta en los valores, principios y creencias de cada cual, de ese modo, la tormenta soplará, más uno tomado de esa viga, resistirá su pasar.
En momentos así las prioridades cambian, lo principal es sobrevivir; luego, no es posible tomar sanas decisiones en plena tormenta, hay que, primero salvarse; ya que, luego que pasa, habitualmente el paisaje es otro, entonces con nuevo paisaje, nuevas decisiones.
Por otra parte, vivir una tormenta, te fortalece, ya que primero debes sobrevivir, y luego levantarte; reconstruir, rescatar, reparar y también desechar. En mi caso, antes de esta Tormenta, tenía un camino ahí al frente, ya no está, yo creía que era único, y que era la senda más corta para llegar al pueblo, más apareció otro nuevo, y ¿sabes?, su sentido me lleva más rápido y sus alrededores son más coloridos.
Ya ves, las tormentas hieren, duelen, destruyen, más sea cual sea su duración, éstas pasan. No permitas que te lleven con ellas, tu vida será un infierno. Siempre, ten despejada tu viga central, ya que no sabes cuando y cuanto necesitarás aferrarte a ella. Ah! A veces las tormentas vienen en aquellos más inesperados, que eso no te decepcione, también éstos pasan de largo.
Queda poco de la botella, atardece, sin más palabras nos levantamos, él debe seguir con su reconstruir, yo, simplemente a seguir mi senda. Un Abrazo muy querido, de discípulo a Maestro; el último brindis alzando al aire los vasos.

Mientras me interno entre los árboles, reconozco la melodía que el Viejo silbaba: “Volver a empezar”, de Lerner.

😉

QUE SIGNO LLEVA EL AMOR

amantes

Yo te quiero libre,
como te viví,
libre de otras penas
y libre de mi” (Silvio Rodríguez)

¿Cuánto de libertad precisa el amor?, ¿Hasta donde un amor puede obligarse?, ¿Es posible amar a la fuerza?, ¿Cuánto de deberes sociales, morales, religiosos, sirven para encarcelar al amor?.

Estas preguntas son poco visitadas en lo público, y menos en lo privado de una pareja; muchas veces me las he enfrentado, cuando conozco de los femicídios que en Chile y en otras partes de América se producen, de igual modo cuando contemplo el celo enfermizo de algunos seres, o la creencia de que el ser a quien se “ama” es parte de los bienes del amante.

Resulta extraño conocer como algunos hombres deben pagar para ser amados; otros atados por “deberes morales”, de status sociales, por “el que dirán”, por temor, ya sea religioso o al impuesto por una sociedad donde la imagen parece ser todo, hacen lo indecible por controlar, poseer, dominar, a sus parejas.

Conozco desde el más recurrente dominador, aquel golpeador físico, “macho recio”, sustentador, proveedor, base sin la cual la familia se desintegra; hasta ese cuya imagen de “buen marido” hace insospechable que detrás de esa máscara se esconde un ser débil que descarga sus frustraciones en la intimidad de la convivencia.

Sé del estremecedor relato de quienes aun concientes de ser víctimas de violencia física, justifican su drama diciendo “Si la culpa es mía, yo he sido una mala mujer”. O de aquella que habla de los dolores de estómago que se le vienen cuando llega la hora en la que su pareja está por llegar a casa. No dejan de ser numerosos los casos donde la mujer no vive una sexualidad plena, creyéndose ella la “fallada”. Sin contar aquella que tiene “todo”, menos la libertad.

Alguna vez una mujer que era amante de un alto ejecutivo, enamorada, decía que ella por amor “soportaba” todo, ante lo cual, interpelándola le dije: “Y él, ¿soportaría todo por ti?”, ella sin titubear responde: “Yo sé que el me ama, pero, por ahora no puede dejar a su mujer”, ante tamaña dominación, apunto, “Cuando uno se enamora, nada impide, a un amor verdadero, soltar todo y largarse”. Hoy ella vive con otro hombre, se le ve bien.

Nada hay como amar en libertad y que con libertad te amen. Sin miedos ni culpas. Tomando la responsabilidad de los actos y sus consecuencias, esforzándose por causar el menor daño posible, con la verdad tomada de una mano y el corazón de la otra.

Pero nunca, usar la violencia física y menos la psicológica, para retener a la persona amada. Si ya sientes que no te aman, piensa primero en lo que tu has fallado, ya que una convivencia es de a dos, seamos siempre dignos, luego deja ir, libera, y tu también serás libre.

El joven y el viejo

El joven exclama – estamos perdidos, ya no hay esperanza – el viejo responde “mientras por las noches, dos seres se amen, no hablo de sexo, sino de hacer el amor, hay esperanza”, Ante la mirada desdeñada, el anciano concluye – nunca olvides que el sexo está al servicio del Amor, y no el amor al servicio del sexo, así, también se construye esperanza.-