QUE SIGNO LLEVA EL AMOR

amantes

Yo te quiero libre,
como te viví,
libre de otras penas
y libre de mi” (Silvio Rodríguez)

¿Cuánto de libertad precisa el amor?, ¿Hasta donde un amor puede obligarse?, ¿Es posible amar a la fuerza?, ¿Cuánto de deberes sociales, morales, religiosos, sirven para encarcelar al amor?.

Estas preguntas son poco visitadas en lo público, y menos en lo privado de una pareja; muchas veces me las he enfrentado, cuando conozco de los femicídios que en Chile y en otras partes de América se producen, de igual modo cuando contemplo el celo enfermizo de algunos seres, o la creencia de que el ser a quien se “ama” es parte de los bienes del amante.

Resulta extraño conocer como algunos hombres deben pagar para ser amados; otros atados por “deberes morales”, de status sociales, por “el que dirán”, por temor, ya sea religioso o al impuesto por una sociedad donde la imagen parece ser todo, hacen lo indecible por controlar, poseer, dominar, a sus parejas.

Conozco desde el más recurrente dominador, aquel golpeador físico, “macho recio”, sustentador, proveedor, base sin la cual la familia se desintegra; hasta ese cuya imagen de “buen marido” hace insospechable que detrás de esa máscara se esconde un ser débil que descarga sus frustraciones en la intimidad de la convivencia.

Sé del estremecedor relato de quienes aun concientes de ser víctimas de violencia física, justifican su drama diciendo “Si la culpa es mía, yo he sido una mala mujer”. O de aquella que habla de los dolores de estómago que se le vienen cuando llega la hora en la que su pareja está por llegar a casa. No dejan de ser numerosos los casos donde la mujer no vive una sexualidad plena, creyéndose ella la “fallada”. Sin contar aquella que tiene “todo”, menos la libertad.

Alguna vez una mujer que era amante de un alto ejecutivo, enamorada, decía que ella por amor “soportaba” todo, ante lo cual, interpelándola le dije: “Y él, ¿soportaría todo por ti?”, ella sin titubear responde: “Yo sé que el me ama, pero, por ahora no puede dejar a su mujer”, ante tamaña dominación, apunto, “Cuando uno se enamora, nada impide, a un amor verdadero, soltar todo y largarse”. Hoy ella vive con otro hombre, se le ve bien.

Nada hay como amar en libertad y que con libertad te amen. Sin miedos ni culpas. Tomando la responsabilidad de los actos y sus consecuencias, esforzándose por causar el menor daño posible, con la verdad tomada de una mano y el corazón de la otra.

Pero nunca, usar la violencia física y menos la psicológica, para retener a la persona amada. Si ya sientes que no te aman, piensa primero en lo que tu has fallado, ya que una convivencia es de a dos, seamos siempre dignos, luego deja ir, libera, y tu también serás libre.

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