Mañana de Navidad

Camino al ascensor se encuentra con aquel vecino cuya estampa denota un nivel que no va acorde con el edificio, hubo un tiempo – pensó – donde de seguro su suerte era mejor. Feliz Navidad, sonriendo le saluda, la respuesta sorprendida de él, sale fría y mecánica, sin sabor alguno, casi por protocolo. Ella entra al elevador  pensando en la ausencia de espíritu que hay esa mañana de Navidad. Camino a la Iglesia, ve a la pareja de ancianos, que leales con historia, van del brazo a comulgar, cruzando la avenida divisa la silueta de un barrendero municipal, 25 de diciembre. 11 de la mañana, y ahí está, viene de muy lejos, ha dejado familia, tierras, y ha cambiado sueños ancestrales por otro nacido de la urgencia de vivir, y ahí está limpiando calles.

Se acerca, y con un poco de ridículo temor, le saluda, -Buenos Días, Feliz Navidad – sorprendido él, como quien es descubierto dentro de la invisibilidad,  responde autentico, – Buenos días y Muchas Gracias, Feliz Navidad para usted también – Ella detiene su paso, aquella mirada y sonrisa, el tono de aquellas palabras dichas en un español aprendido a la fuerza, son sinceras, y casi estremecida, agrega – No, gracias a ti, de verdad, gracias a ti –

La ceremonia en la Capilla es rutinaria, nada recuerda del sermón, vuelve a su departamento con la canción dando vueltas en su mente, y con la certeza que aquella estrofa se hizo patente a las 11 de aquella mañana de Navidad: “Cuando Dios me vio tocando ante Él, me sonrió”

La carta del Pepe

PRENSA ECUMÉNICA - ECUPRES

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Mujica a Fidel: “A vos te queda Cuba, que seguirá ahí”

Por José “Pepe” Mujica

Querido Fidel: recién me entero, la noticia ha sido devastadora.

No dejo de imaginarte a vos, tendido en la escueta cama de madera que se convirtió en tu último refugio. Y aquí estoy, sentado en la entrada de la chacra pensando en lo que diré al mundo y cómo ocultaré esta lágrima, aunque dirán algunos publicistas que será mejor que se vea, que así se construyen las leyendas.

Las leyendas no se pueden construir, vos eres una, forjada con el mismo golpe de la metralla y la bandera ondeando en el campamento, ahí en la sierra, sin importar si es selva o pampa, siempre es igual, la batalla duele en la entraña de lo que llamamos nuestra tierra, ese pedazo de geografía que podemos recorrer pero que nos recorre a nosotros.
Y pienso que tuve…

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Saber haberlo dado todo.

Con la mirada fija en el muro, sentada en posición de escucha, concentrada en el tejido  que sus manos automáticamente entrelazan, lanza la pregunta:

¿Supiste de la muerte de Sarita?, ¿Cómo una persona tan buena puede sufrir tanto?

De la nada y de todo surge la voz cansina, de aquellas que denotan sabiduría ancestral:

Su mayor angustia al partir fue, saber haberlo dado todo y aun así sentir que faltó un poco más. –

 

Dicen que la abuela, cuando teje, habla con fantasmas, ¿Quién sabe?

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Ilustración de Tamarindo Conde

Cuando Ella citó a Foucault

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 Entre Ella y Yo, sólo un virtual espacio,

apelo a la magia de la Buena Palabra,

para acortar la distancia entre sus labios y los míos,

seguro, camino entre frases de Neruda, Borges y Benedetti,

coloreando los pasos con estrofas de Villa, Cerpa, Boronat, Hogas y Pereira,

equilibro el tiempo rescatando a Lispector, Pizarnik, Espanca y Mistral,

hasta invito a la mesa a un tal Rubí, para coronar el suceso.

Y Ella, con la serenidad y madurez de la Historia,

sin preámbulos, cita a Foucault…

Mis invitados e invitadas, miran sorprendidos,

entre el público, un susurro: “Ahí quedó el seductor”.

Entonces irguiendo la frente, dudo entre llamar a Sartre o Chomsky,

pienso tal vez mejor Leví-Strauss o Lacan,

y pronuncio una mezcla de Discurso,

navegando entre poetas, filósofos, historiadores,

redacto una teoría  acerca de la vigencia del Romanticismo,

recurro a Casaldáliga, Romero, Ellacuría,  Boff, Torres, Gutierrez,

para justificar el pensamiento de Liberación.

La pasión rebalsa mis ojos, y Ella, sonríe.

Sin más se levanta, luego de una hora de dialogo, y dice:

“Siempre es bueno conversar contigo”, y se va.

Y Yo, Yo que  solo quería amarla, quedo cuestionando la razón,

masticando sus sólidos argumentos, que hicieron olvidar el deseo,

tal vez debí quedarme sólo con Sabina y Silvio,

porque Ella… Ella citó a Foucault.

😉

 

Desnudez

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Entre las calles la encuentro, quería desapercibida pasar, no le fue posible ante mis ojos; miré alrededor y noté que ante los demás ella era un adorno en ese paisaje, a lo más, despertaba curiosidad.

Ella se veía voluminosa, demasiado, con este calor cargaba bolsos y sobre sí mucha ropa, su rostro apenas visible entre gorros y bufandas solo destacaba esa mirada que, al cruzarla con la mía, gritaba, llamaba.

Su desconfianza, fue un freno a mi acercamiento. Fui viéndola día a día, al tercer día ya me saluda con un gesto de cabeza y una sonrisa. Sin darnos cuenta estábamos sentados conversando. Noté que sus ojos eran de un café brillante, su voz de una femineidad notable, sus manos delicadas, casi frágiles desentonaban con su figura. Comenzamos hablando de lo rutinario, lo formal, el tiempo; y pasamos de ahí a la política, al medio ambiente, a los derechos de los mapuches, de la juventud.

En general hablaba de esperanza; hasta que en una tarde, le dije: “Amiga, que me dices de ti”, sus ojos se humedecieron, trató de sonreír y no pudo, hasta creo que se sonrojó, luego de suspirar me dice:

“De mi nada hay que decir, ya ves, soy insignificante, no existo para nadie, creo que tu estás loco, o que no existes aquí a mi lado” – en ese momento puse mi mano en su hombro y sonreí, noté que fruto de tanta ropa no pude sentir su cuerpo , ella prosiguió- “Soy tan mala, fea, he causado tanto daño, tanta decepción, que no merezco que nadie se fije en mi, nunca me amarán” – al decir eso, comenzó a quitarse la bufanda y uno de sus gorros, su rostro era moreno , terso, de una luminosidad que hacían resaltar las lágrimas que empezaban a caer- “tu y tus preguntas, ¿quieres burlarte?” -mi vista fija en sus ojos le animó a seguir- “¿que quieres saber?”,- lo que quieras decirme , le respondo- “soy culpable de tanto dolor, he engañado tanto, he decepcionado a mis padres, a mis hermanos, a mis hijos” – mientras hablaba, se sacó el abrigo que portaba- “soy una loca que se deja llevar por sus impulsos, sin medir consecuencias; una vez fui casada, con buen marido, aunque indiferente hacia mi, no recuerdo que me haya dicho que me amaba..”

Así por horas, empezó a sacar de si sus dolores, sus traumas, sus miedos, y con cada frase fue dejando a un lado cada ropa que cargaba innecesariamente; noté que la gente que pasaba se fijaba en ella, sorprendidos de tal escena. Ya sin gorro, su pelo negro y brillante cubrió sus hombros, solo quedaba en ella lo suficiente para mostrar un cuerpo hermoso, no de aquellos de vitrinas, sino aquel de pueblo, de mujer amada y deseada.

¿Qué llevas en esos bolsos? pregunté, sorprendida, los miró….y me los mostró, uno llevaba noticias pasadas, y el otro anuncios futuros, papel solo papel; ya de pié, sin lágrimas, era más alta de lo que creía, me preguntó. “Crees que es necesario tanto peso?” – encogí mis hombros, ¿Qué dices tu?- “Creo que ya no!!!!!!” -y empezó alejarse, vaciando sus bolsos, dejando tanta ropa de más que llevaba, creo que la vi voltearse y saludar con la mano, creo, porque entre tanta gente no pude distinguirla bien.

Pasadas tres lunas, y caminando con mi compañera, la volví a ver, venía de frente hacia nosotros, agraciada, su cabeza erguida, andar libre, orgullosa de si; la miré y sonreí, no me vio….mi sonrisa siguió en mi, sonreía con satisfacción, mi compañera me mira y pregunta: “¿Porqué sonríes?”..le abrazo, acelero el paso, y digo:

Sabes que muchas veces cargamos con ropas innecesarias, los miedos y esas cosas, que nos hace difícil caminar, que nos quitan agilidad, deberíamos andar desnudos, así seríamos más libres, ¿no crees?; -ya sales con tus locuras -, me dijo. Y nos fuimos en la noche, abrazados….. a liberarnos.

El Colibrí y el Hoatzin

 

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El Colibrí volaba entre las flores de la selva, sonriente se paseaba de una a otra flor, a ratos se detenía en el aire como para atisbar a su alrededor; en una de esas miradas le encontró, con apariencia de pájaro loco, con cresta punk, y unos ojos muy rojos. Era un Hoatzin. El colibrí había visto muchos, sin embargo éste lideraba una bandada distinta.

Ellos volaban solo en un sentido, siempre hacia la derecha.

El espectáculo llamó la atención del Colibrí, entonces se acerco hacia ellos; la bandada posada en el suelo húmedo de las orillas, estaba tranquila, casi con monotonía, solo el grito de su líder les hacía emprender vuelo, y siempre en sentido derecho.

El colibrí empezó a entonces volar en el otro sentido, hasta que el líder lo percibió:

-Hey!! Que haces tu aquí, alborotas nuestro vuelo!!!!-

El Colibrí se detuvo y respondió:

*Nada… solo… vuelo*

-Pero..lo haces mal!!!-

*¿Yo?.. ¿tu crees?*

-Siiiii-

*Yo solo pasaba por aquí, y me llamó la atención que, en tu territorio hay un área sin flores.*

-¿Cómo?, eso no es posible!!!-

*Pues, desde aquí, así se ve.*

Entonces el Hoatzin se detuvo, el Colibrí notó que en su ala derecha algo había.

*¿Que tienes en tu ala?*

-¿En mi ala?..nada, así somos, de siempre.-

*¿de siempre?*

-Si, así nací, aprendí a volar de este modo, he formado mi grupo, y ellos, también vuelan como yo. Para mí tu eres el extraño.-

El colibrí sonrió.

*Te invito a que volemos a lo más alto de esos árboles.*

El Hoatzín accedió, la verdad que lo hizo para mostrarse ante ese “extraño” pájaro. El Colibrí empezó a volar en el mismo sentido que el líder, hasta se mareo un poco, pero así y todo, llegaron a los árboles.

-Ya estamos aquí, ¿ves que me es fácil?-

*Sin duda, estás acostumbrado, toda una vida has volado así.*

-Ahora, adonde quieres ir?-

*A ningún lado, solo quiero que mires hacia abajo, hacia tu territorio, hacia los tuyos.*

El Hoatzín, lo miró extrañado, ni siquiera sabía porque le hacía caso, Entonces bajó su mirada. Lo que vio le estremeció. Abajo, lo que era su mundo, tenía un gran círculo formado por vuelos y vuelos en un sentido, y lo más impactante era que, las flores crecían de un solo lado, y así y todo, éstas no eran tan bellas como las de otros territorios.

El Hoatzín, incrédulo, le preguntó:

-¿Pero como ha pasado eso?, yo veía mi territorio feliz, brillante, único.-

El Colibrí sin dejar de sonreír le dijo:

*Lo que ves, amigo mío, no es culpa tuya.*

-¿Cómo que no?!!-

*No, no lo es. Nunca lo ha sido. Déjeme ver tu ala derecha.*

-Noooo, ¿Para que?-

*Solo para acariciarla.*

Esa frase inundó los ojos rojos de lágrimas, El Hoatzín siempre supo que su ala estaba atrofiada, pero nunca quiso aceptarlo, era mejor ser feliz como los demás creían que lo era.

-¿Cómo me descubriste?-

*¿Descubrirte? Yo no te descubrí, tu lo hiciste.*

-¿Qué hago ahora?-

*¿Qué quieres hacer?*

-Quiero que mi territorio sea parte de esta selva.-

*¿Que te parece si bajamos volando juntos?*

Y desde las alturas el colibrí junto al Hoatzín empezaron a bajar. La tendencia fue virar a la derecha, pero el colibrí se posó en el ala atrofiada frotándolas con su vuelo frenético. El Hoatzín con miedo y torpeza, notó que empezaban a ir en otro sentido, sentía pánico, dolor, sus huesos crujían, pero la gravedad le ayudaba; a ratos cerraba sus ojos, gritaba “Vamos a estrellarnos”, y el colibrí, seguía junto a él… sonriendo… sonriendo.

Cuentan que desde esa vez la selva floreció como nunca; que de vez en cuando, sucede lo increíble, se ve a un Colibrí volando junto a un Hoatzín. Y es justo ahí, donde en la selva… surgen las flores más bellas.

***-***
Cierro el Libro, y pienso en Víctor Codina sj, cuanta razón tiene al decir: “Tenemos que aprender a desaprender.”

Nota. Como un regalo inesperado, MIlena Bossio, comenta este cuento. Digo regalo, porque lo creí perdido. Agradezco a la Vida la Coincidencia, y espero que, la enseñanza, sea tan válida como hace años. Fer…

“El Pueblo no tiene armas, para hacer una revolución.”

armas“Si las armas fueran necesarias, hubiéramos nacido con ellas”
Indios Tarahumara.

Reflexionando en dialogo con un colega:

“El Pueblo no tiene armas, para hacer una revolución.”

Es verdad, pero, no se necesitan armas para hacer un cambio, Aseverar esta supuesta “necesidad”, es seguir el juego del Dominante, Juego donde, en ese camino, pierden los /las más pobres.

El pueblo no tiene armas, tiene Herramientas. Y algunas son, Coraje, Hidalguía, Honor, Coherencia, Valentía, Honestidad, Solidaridad, Conciencia de Clase,  Imaginación, Creatividad, Resilencia y Amor.

Sucede que, el sistema se ha encargado, con éxito, de difamar y desvirtuar éstas herramientas, al punto que, parece de locos mencionarlas y mucho más practicarlas. Sin embargo, es en la periferia del sistema, ahí donde la opresión es mayor, cuando acontece la germinación diaria de estas virtudes.

El punto es, revertir la Desinformación en Formación, y reaprender a reconocernos como agentes creadores con capacidad para construir una sociedad más justa. ¿Cómo y donde?, pues, el primer y mas importante paso es con nuestro entorno más cercano. Y, añadiría como principal requisito, con uno mismo. Respetándonos, no cometer faltas de respeto a nuestro YO. Hemos nacido con herramientas como las señaladas, hay que quitarles el óxido, aceitarlas, calibrarlas, y eso solo se consigue con la práctica.

La práctica llevará a la organización, ésta a la movilización, movilizados perdemos el Miedo, y haremos Justicia a quienes, en la Historia, han derramado su sangre, conscientes que, sin Movilización no hay Derechos. Estos nunca han sido una dádiva, al revés, se han adquirido en la calle.

Vamos hacer Re-evolución, con lo que tenemos, virtudes que, son y serán el miedo del Poderoso.